Hizo magisterio, transforma el fruto de sus propios árboles en mermelada y es un ejemplo de desarrollo rural.
Juana Cerezo contesta siempre lo mismo cuando le preguntan dónde está el secreto de sus mermeladas... «Se llama Herguijuela de la Sierra, ¿no lo conoces?». Y lo hace con ese acento serrano de la Salamanca sureña. Un acento inconfundible que Juana habla con soltura y gracia, siempre adornado por una pícara sonrisa que pone en guardia a su interlocutor.
Quien la escucha, inmediatamente se percata de que Juana es una serrana inteligente a quien no le alucina nada que pueda venir más allá de las fronteras del Valle de Belén, uno de los tres valles de Herguijuela de la Sierra, población enmarcada en la Sierra de Francia, entre Las Hurdes y la Alberca. « Salvo que me compren las mermeladas y vengan de turistas a la sierra de Francia... eso sí que me alucina y me interesa». Y añade, «no olvides que Herguijuela está en el corazón del Parque Natural de las Batuecas».
Con esta carta de presentación y un buen cargamento de botes de mermelada –‘Conservas Juana’– esta artesana alimentaria pionera en este modelo de transformación de la fruta, recorre ferias nacionales, locales, e internacionales. Allí donde se encuentre una representación de los artesanos de la región, hasta allí viaja Juana con su cesto repleto de mermeladas. Juana Cerezo estudió Magisterio pero no hubo suerte en las oposiciones y se volvió a Herguijuela de la Sierra. «Ahora tengo el medio siglo y la mitad de este tiempo se lo he dedicado al desarrollo rural en la Sierra de Salamanca. Y, claro, tanto ir a cursos sobre desarrollo, participar en aulas culturales en el medio rural, y tanto creer que el futuro pasaba por poner en valor nuestros recursos, pues me decidí a comprobarlo », apunta.
Hoy, desde su pequeña empresa ‘Conservas Juana’, elabora todos los años entre 8.000 y 10.000 tarros de mermeladas. Así se inicia la historia Todo empezó a finales de la década de los 90. El Leader II que operaba en la Sierra de Francia le animó a iniciar un proyecto empresarial que, finalmente, alcanzó los 17 millones de las antiguas pesetas. De esta cantidad, un 40% fue subvencionado. A partir de este momento, Juana Cerezo, siempre ayudada por su familia y, en especial, por sus padres Nicasio y Teresa, inicia un estudiado plan de transformación con el que hoy se puede asegurar que no queda un solo fruto en la Sierra que no haya pasado a los frascos de cristal que Juana lleva al mercado.
El 90% de la materia prima procede de sus propios árboles frutales. Cerezos, morales, perales, manzanos, almendros, ciruelos, olivos, melocotoneros, higueras... y de su huerto, que es un jardín de frambuesas, fresas, calabazas y cebollas. Sin olvidar los frutos que el bosque ofrece gratis, como son las setas y las zarzamoras.
La despensa de Juana es su mejor secreto. «Nosotros transformamos la fruta como se ha hecho toda la vida, aunque utilizamos los medios técnicos que marca la legislación en materia de conservas ». Pero Juana no se queda solo en ese amplio repertorio conservero que ya alcanza las más de 25 referencias. Juana ha entrado en un campo sensorial muy interesante porque la mermelada de naranja, la de castaña, la de cebolla, la de tomate verde o la de calabaza y coco son toda una sorpresa para los sentidos.
Reportaje de
Javier PÉREZ ÁNDRES
03/07/2004








